¿Que hay detrás de cada pensamiento que nos hace sufrir?
¿Que hay al lado de cada una de esas palabras que nos duelen? ¿Cerca de qué, están esos eventos privados, recurrentes, que nos atrapan con independencia de espacio y tiempo?
Son ellos.
Son nuestros valores, lo que queremos.
Los valores. Esas estrellas para los marineros en medio del mar, nunca las pueden alcanzar, pero dirigen su marcha a tierra. Perez Alvarez, M. 2019 (Evento de clausura máster Terapias Contextuales. UAL.)
Cuando consideramos que algo nos preocupa, que “ocupa” nuestra atención y mente de forma constante. Cuando caemos en la normalidad de este pequeño acto involuntario, encontramos el motivo de la aceptación. De darle el hueco. Ése, que hasta ahora sólo usábamos para luchar, contra la sensación y el malestar que no queríamos, ni podíamos “tener”. Pero ya lo hemos tenido, ya hemos pasado por él. Ya hemos construido el hueco.
Y solo en ese momento, solo ahí, podremos empezar a mirar a nuestros valores y cuidar de ellos. Cada día, en cada momento, embarcarnos en una acción, un acto voluntario que nos dirija a “tierra” sin remar contra las aguas bravas, dejándonos a expensas de ellas. Mejor decisión que intentar detener el curso de la ola. Aunque nos parezca la ola más amenazante, no podremos hacer nada para controlarla, pero si para acompañarla en su disolución natural.
Es en los peores momentos cuando podemos y debemos mirar más a lo que queremos. Más a las estrellas y menos al mar. A éste, solo para nadar. En los peores momentos, cuando la ola atrapa, no podemos hacer más. Ni más ni menos que nadar, dejándonos llevar.


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